¿Cómo preparar el salmón? Las formas más sanas de comerlo

El salmón es un pescado azul. Sí, sí, ya sé que es de color ROSA, pero ya sabéis que llamamos pescado AZUL a todo aquel que posee más grasa, aunque esta grasa es poliinsaturada y, por lo tanto, beneficiosa para el organismo. ¿Quieres saber por qué el salmón se ha convertido en uno de los favoritos por nutricionistas y expertos en salud física? Y, aún más importante, ¿quieres saber la mejor forma de cocinarlo?

Seguramente habrás oído decir que el salmón es del mejor pescado que puedes probar. Destaca por un alto contenido en ácidos grasos omega-3, vitaminas B12, B6, C y A, y minerales tales como el magnesio, el fósforo o el potasio… y además está buenísimo.

¿Cuáles son los beneficios de comer salmón?

Gracias al alto contenido en omega-3 del salmón, consumirlo con regularidad puede ayudar a controlar la presión arterial y a prevenir el endurecimiento de las arterias, dos de las causas principales de ataques de corazón y de accidentes cerebrovasculares. El omega-3 también ayuda a prevenir problemas cognitivos como el Alzheimer, y puede ayudarte a combatir la depresión. Es también un importante antiinflamatorio, un apoyo contra la diabetes e incluso un antioxidante que se ha demostrado efectivo en la prevención contra el cáncer. Ahora que todavía estamos recuperándonos de la Navidad es un buen momento para cambiar la carne por el salmón.

¿Cómo cocinarlo?

La forma más sana de cocinar el salmón es al horno. Uno de los aspectos más importantes a la hora de cocinar el salmón es mantenerlo jugoso; puedes conseguirlo de dos maneras: la primera, envolviendo el filete en papel de aluminio, lo cual contendrá sus jugos; la segunda, apartándolo del fuego (o apagando el horno) cuando esté casi hecho y dejarlo reposar unos minutos para que se cocine con el calor residual.

Una de las recetas más sencillas para cocinar el salmón es la que podemos leer en esta receta de Directo al Paladar. ¡Está buenísimo!

Errores que debes evitar al cocinar el salmón

  • El pescado mejor fresco. Siempre. Para saber si el pescado es fresco, primero fíjate en su presentación (si se encuentra sobre un lecho de hielo sobre una superficie inclinada, que evite que el agua de la descongelación se acumule), y luego en los ojos (deben ser esféricos, saltones y brillantes – una pupila grisácea o una córnea lechosa indican mal estado). Su olor es muy importante: si huele a agua de mar o no huele, es fresco. Además, cuanto más intenso sea el color, mejor será su calidad (esto en el caso de que lo compres congelado).
  • Si lo tienes que descongelar, procura hacerlo con tiempo y pasarlo del congelador a la nevera con 24 horas de antelación. Una vez lo vayas a cocinar, sécalo bien con papel absorbente y espera a que se ponga a temperatura ambiente antes de cocinarlo.
  • Déjale la piel, ya que ayuda a mantener la carne tierna reteniendo los jugos, pero quítale las espinas antes de cocinarlo.
  • Sazónalo justo antes de cocinarlo.
  • Si lo cocinas a la plancha, debes hacerlo vuelta y vuelta. Nada de marearla.

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